Mónica Peralta

#ImpulsandoLegislación

Voy a contarles mi trayectoria, aunque resulte un poco difícil detallar todos los momentos importantes que me trajeron hasta aquí; son innumerables. Tengo 46 años y comencé a militar en política a los 13.

Comienzo por decir que son muchos los sentimientos y emociones que me abrazaron en este camino: desde mi círculo íntimo y familiar, la pareja y la experiencia de la maternidad hasta mis amigas y amigos, los grupos en los que participé en diversas actividades de expresión artística, de formación política y holística.

Importantes etapas fueron los trabajos por los que pasé, la facultad, mis escuelas primarias y la secundaria; las responsabilidades públicas que asumí, y mi grupo político de origen con quienes seguimos transitando juntos. En todos esos lugares conocí cientos de personas que, con sus experiencias, me acompañaron y enseñaron que lo más valioso es tener proyectos y convicciones.

El capital más importante del hacer político tiene que ver con esos lazos cotidianos que generan comunidad en los distintos entornos. Eso que viví en los grupos sociales que integré, que están aquí, en cada parte de mi SER. Los barrios por los que caminé, donde conocí a personas que se comprometían diariamente con la realidad de sus territorios.

Sustento el valor de esas relaciones humanas que fueron y son parte de esa linterna que pone luz en mi sendero.

Comencé a abrigar la política de muy chica. Mí contexto familiar influyó en el moldeado de mi decisión de involucrarme en lo público. Mi padre, mi hermano y mi hermana ya habían decidido ser parte del florecer democrático y eligieron a Raúl Alfonsín como el líder que representaba sus sueños. Algunas personas recuerdan la “mítica panadería de calle España 1170”, lugar de trabajo de mi familia, como una comarca de reuniones permanentes y de acciones solidarias y concientizadoras para el bien común.

En ese ambiente, entre bizcochos, medialunas y debates políticos, transité mis primeros años y, ya de adolescente, comencé a involucrarme decididamente con las problemáticas juveniles. Fundamos el “Taller Infantil de la Libertad”, en 1989, un espacio mágico donde cada sábado me reunía con pibes y pibas del Barrio “La Lata” para compartir juegos, y sobre todo esperanzas y afectos.

Más tarde, y por 11 años, le dimos existencia a Kre-Siendo, la primera revista con una visión enfocada en las problemáticas de las juventudes de ese momento.

Pasados unos años fui Presidenta de la Juventud Radical de la seccional quinta. Luego, desde las filas de la Unión Cívica Radical, en pos de cambiar la realidad de las mayorías, llegué a ser la mujer concejala más joven con 24 años, llevando a la acción concreta la voz y los reclamos de la ciudadanía. Fue un acontecimiento bisagra en mi vida: llegar a un espacio legislativo para multiplicar los sueños de muchas personas.

En 2001, cuando concluyó mi mandato como Concejala de Rosario no pasé a ocupar ningún otro cargo público ni ejecutivo, seguí militando desde las bases, mientras, para sostenerme, trabajé vendiendo ropa usada en la Feria Retro “El Roperito”.

También trabajé en la panadería “Crystal” y en la Rotisería “Don Alberto” ambos emprendimientos familiares, y como empleada del Banco Municipal de Rosario en la sección de atención al público hasta mi asunción como Diputada Provincial en 2003.

Por último, es valido reflexionar y comentarles que en estos tiempos donde la frase ¨militar en política¨ se percibe en gran parte de la sociedad como algo negativo, para mí -y todo mi equipo-, estas palabras significan: compromiso, honestidad, comunidad, hacer, disidencias, encuentro, poder para cambiar, para TRANSFORMAR y CONSTRUIR, sin grietas. Porque militar es ser activista.

Que sea un grato encuentro recorrer este sitio.

#ImpulsandoLegislación

X